Me desperté el sábado temprano. Prendí la televisión para ver las noticias y ahí estaba. Habían asesinado a Facundo Cabral en Guatemala, en un confuso episodio.
Sabia de el aunque no recordaba su música. De pronto escuche una música suave y sonó una frase si conbocida por mi y entonces descubri con gran agrado y un inmenso orgullo, que el había acompañado toda mi infancia. Me descubrí cantando sus letras, conociendo todas sus canciones.
No es la muerte que merecía pero se que su música va a acompañar a cada uno de los argentinos por el resto de nuestras vidas. Y esa es una sensación que creo que le hubiese hecho feliz.